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El manejo del reflujo gástrico

La pirosis, esa sensación de quemadura producida por los ácidos del estómago, es uno de los síntomas más comunes de esta enfermedad.

Daría la impresión que algunas enfermedades tuvieran su origen en la vida moderna, pues nunca antes se había escuchado tanto de la presencia del reflujo gástrico, incluso en los bebés. De acuerdo con la opinión de José Alberto Bernal Eusse, médico gastroenterólogo con una larga trayectoria profesional, siempre ha existido el reflujo como condición normal, pero se agrava con los malos hábitos nutricionales y algunos comportamientos inadecuados.

Cabe anotar que todas las personas tienen reflujo, incluso antes de nacer, es el llamado reflujo fisiológico. Es normal y no causa necesariamente molestias, se evidencia en forma de eructos o con la expulsión de gases por la boca, a menudo después de comer. También puede sentirse que se devuelven líquidos, pero inmediatamente vuelven al estómago.

Cuanto más joven sea la persona, más reflujo puede tener, esto es evidente en los bebés cuando regurgitan la leche o los alimentos. Es alrededor de los 12 a 15 años cuando se alcanza la madurez de las válvulas implicadas en este proceso y se normaliza el reflujo. Esta es una de las razones por las cuales no es muy aconsejada la cirugía en niños, en términos generales se toma esta decisión cuando el reflujo está produciendo enfermedades bronquiales, pulmonares, laríngeas o sinusitis a repetición.

¿En qué consiste?
La enfermedad por reflujo gastroesofágico se produce cuando el contenido del estómago se devuelve y lastima el esófago, la garganta, las cuerdas vocales y los pulmones; entre las sustancias que refluyen del estómago se encuentran ácido clorhídrico, pepsina y sales biliares. Su origen se encuentra en el desempeño del esfínter esofágico, una estructura muscular ubicada en el extremo inferior del esófago, que se abre durante la ingesta de alimentos y vuelve a cerrarse rápidamente para que la comida y los jugos gástricos no se devuelvan. Cuando el esfínter esofágico no funciona bien y se abre de manera inadecuada se produce el reflujo, porque permite el paso de los jugos gástricos al esófago, generando acidez especialmente después de las comidas. La pirosis es el principal síntoma del reflujo y se caracteriza por una sensación de ardor y dolor que parte detrás del esternón y sube en dirección al cuello. También puede tenerse la sensación de que la comida o líquidos regresan a la garganta o la boca, sobre todo cuando la persona se agacha, realiza esfuerzos o se acuesta, y puede estar acompañado de sabor amargo en la boca. Por fortuna, en la mayoría de casos se encuentra alivio con un tratamiento permanente.

¿Las complicaciones?
La pirosis y el reflujo son muy comunes, se calcula que 10% de la población presenta estos síntomas al menos una vez a la semana y alrededor de 25% de las mujeres en embarazo padecen síntomas relacionados. Esta enfermedad no pone en peligro la vida, pero su presencia frecuente o severa puede limitar las actividades diarias y desencadenar complicaciones mayores, como la esofagitis o inflamación del esófago que puede producir sangrado; estrechez del esófago o estenosis; úlceras esofágicas; o el llamado esófago de Barrett que tiene predisposición cancerosa. Estas circunstancias pueden favorecer la presencia de tos, bronquitis o neumonitis repetitivas; pueden producir asma o empeorarla en caso de que exista, inflamación de la garganta, la laringe y los conductos respiratorios. Para el diagnóstico de estas enfermedades se pueden utilizar distintos métodos como la endoscopia digestiva, que permite hacer biopsias, o tomar muestras de distintos puntos. Más recomendada por su efectividad, la pHmetría es un examen que mide el pH o grado de acidez esofágica por 24 horas. Otro examen más moderno y que todavía no se realiza en el país es la impedancia multicanal, similar a la pHmetría, pero que además identifica los tipos de reflujos, los ácidos, los alcalinos; de sólidos, de líquidos puros y de gases.

Tomar medidas
Son bastante difundidas las precauciones para evitar el reflujo en los bebés, entre ellas se encuentra darle menos cantidad de alimento, en dosis más frecuentes para que no quede lleno, hacerlo en posición vertical o sentado; sostenerlo de pie para que elimine los gases cada tres o cinco minutos y esperar un rato antes de acostarlo.
Existen medicamentos para niños y adultos que ayudan en el tratamiento del reflujo y que deben ser prescritos por el médico. Los proquinéticos, por ejemplo, aceleran el vaciado del estómago; los antiácidos bloquean los ácidos del estómago y los bloqueadores H2, inhiben la producción de ácido clorhídrico desde el cerebro. En general, estos tratamientos, acompañados de buenos hábitos alimentarios, surten efecto. La cirugía sólo se recomienda en los casos graves con mucha sintomatología. Pueden ser personas con manifestaciones extraesofágicas, es decir, en otros órganos, como el asma con crisis nocturnas, otitis, sinusitis, bronquitis crónica, neumonías por broncoaspiración, nódulos laríngeos, disfonías. O con manifestaciones intraesofágicas como estrechez en el esófago, hernia diafragmática asociada a esofagitis, ulceraciones esofágicas, nódulos esofágicos o esófago de Barrett. En la actualidad, la cirugía laparoscópica es la más usada por sus óptimos resultados. Las otras opciones no son adecuadas, de un lado porque la cirugía abierta está en desuso y del otro, porque la cirugía por endoscopia se encuentra en fase de experimentación.

El reflujo puede presentarse a cualquier edad. Cuanto más joven sea la persona, más susceptible es de padecerlo. Los síntomas pueden controlarse cambiando de hábitos.

Los síntomas

Algunas pistas que pueden indicar que una persona padece reflujo gástrico:

  • La pirosis, es el síntoma más frecuente. Es una sensación de quemazón desde la boca del estómago hasta la garganta.
  • Ronquera o disfonía sin motivo aparente.
  • Sensación de cuerpo extraño en la garganta.
  • Reflujo al acostarse después de comer.
  • Percibir el ácido o tener sensación de sequedad en la boca.
  • Infecciones dentales más frecuentes.
  • Tos crónica o asma.
  • Sangrado oculto por úlceras.

10 formas de mitigar el malestar

Estas recomendaciones ayudan a disminuir los episodios de reflujo, pero no sustituyen la consulta médica ni los tratamientos recomendados por el gastroenterólogo, son indicaciones generales que contribuyen a tener una vida más saludable.

1. Evite los alimentos preparados a base de tomate, los picantes, los ácidos, los cítricos y grasos como el chocolate o la pizza. También productos de menta como bebidas, confites o aderezos.

2. Limite el consumo de café, té, bebidas gaseosas y alcohol.

3. Controle su peso.
El sobrepeso aumenta la presión intraabdominal, lo cual puede agravar el reflujo.

4. Evite comer grandes cantidades, en su lugar, prefiera varias comidas pequeñas.

5. Planee el tiempo para hacer ejercicio. No lo haga después de comer.

6. Durante el día, no se acueste después de comer. Cene por lo menos tres o cuatro horas antes de acostarse.

7. Elimine el hábito del cigarrillo.

8. Eleve la cabecera de la cama, desde la base. El uso de almohadas altas no es recomendable porque la flexión del estómago puede empeorar el reflujo.

9. No se automedique, algunos medicamentos como el ácido acetilsalicílico u otros antiinflamatorios producen reflujo. También los llamados medicamentos naturistas pueden tener efectos negativos.

10. Consulte al médico si toma antiácidos tres o más veces a la semana y si presenta vómito con sangre o defecación con contenido negro (puede ser sangre).

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